jueves, 26 de enero de 2017

Ser burlador o burlado, esa es la cuestión



En este mundo de locos un poco de humor no está nunca de más, ¿no creéis, amig@s? La capacidad de reír nos hace más humanos, y si encima nos reímos de nosotros mismos, mejor que mejor.
Y casi es mejor así, porque la verdad, a nadie le hace mucha gracia cuando los que se ríen de uno son los demás. Claro que una señal de madurez es aceptar las críticas constructivas de una forma tranquila y sosegada, pero joder, no es fácil cuando sientes que alguien se ríe de ti, aunque final resulte que era contigo.
Por eso, ya que nos cuesta tanto reírnos de nosotros mismos, ¿qué tal si nos reímos un poco de los demás, para variar? Perdón, "con" los demás. ¿Has visto cuántas situaciones absurdas pululan por toda la red, todas a nuestra disposición? ¿Y te gustaría echarle un vistazo a algunas?
Voy a confesarlo:  a mí personalmente me encanta ver esos vídeos de cámaras ocultas, bromas caseras, caídas y golpes, y toda la clase de burla que se hace a unos cuantos pobres incautos. Reírse del mal ajeno está muy mal, ya lo sé, pero oye ¡qué divertido resulta!
Dice mi madre que siempre he tenido ese defecto, desde que era pequeña, y que ya me reñía bastante cuando me pillaba desternillándome del mal ajeno.  Pero luego aparecieron los programas de televisión que se dedicaban a este tipo de cosas, y ahí ya no hubo quién pudiera pararme, pues el asunto se había hecho oficial. ¡Si salía en la tele, no podía estar mal!
Sin embargo, también desde pequeña llevo fatal llevarme la peor parte, esto es, ser yo la burlada. Por eso siempre he intentado ir con tiento, midiendo mis pasos para no caer en ninguna situación de este tipo, pero claro, comprenderás que eso no ha servido para nada. Se han reído de mí, sí, muy a mi pesar; y en pocas ocasiones he podido darle la vuelta a la tortilla, para qué nos vamos a engañar.
Esas eran cosas de juventud, cuando los deseos de venganza contra quien se reían de mis torpezas me nublaban el juicio; nada grave, no te apures, y ya te digo que al final casi nunca conseguía nada, y más de una vez volvía a quedar en ridículo otra vez. Pero ahora todo eso ya pasó, y por suerte he aprendido de mis errores y, lo más importante, a reírme de ellos de forma sana.
Por eso, de una forma natural y sin querer ofender a nadie, daremos un paseo por todo internet, y veremos de qué formas ingeniosas son burlados tantas y tantas pobres almas cándidas. Claro que nos reiremos, pero oye, sin ninguna mala intención.